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Manifesto domótico

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8 años 11 meses antes - 8 años 11 meses antes #2877 por jarias
Dicen que las crisis son tiempos para mejorar, tiempo para ordenar y limpiar. Limpiar lo que está viejo, renovar lo que está obsoleto, y deshacerse de esas cosas que ya no hacen más que estorbar en el camino de la vida. ¿Cuántas cosas nos empeñamos en guardar aún a sabiendas que ya no significan nada y que nunca más volverán a ser útiles?

Muchas personas piensan que estas palabras son huecas, típicas de estos momentos, y que se dicen por decir, que en realidad esto no es así, y si no que me digan cómo se pagan las facturas a fin de mes. Que no hay otra salida, más que aferrarse a lo que queda.

Lo que funciona y lo que no

Si algo deja de funcionar, ¿por qué aferrarse a ello? ¿Por qué cuesta tanto reconocer que algo ha dejado de funcionar o que necesita otro impulso nuevo? Nos hemos acostumbrado a que todo debe venir a nosotros, que son otros los que deben cambiar la situación. Son como esas cajas con cosas que no queremos tirar. A lo mejor es tiempo de cambiar algunos hábitos (al final va a ser verdad que las crisis sirven para algo, para mejorar).

Olvidarse del status quo, nada dura para siempre (gracias a Dios, y que me perdonen los agnósticos o ateos), puesto que entonces no estaríamos aquí donde estamos hoy. Como dice una frase bastante famosa, “el hombre que acepta todo tal y como es no hace nada por cambiar, mientras que el loco es el que imagina nuevos escenarios y los construye. Por lo tanto, la evolución se la debemos a los locos”. Sí, es verdad, muchos locos han quedado por el camino. Pero simplemente recorrer un solo metro de ese nuevo camino merece la pena.

Como dice uno de mis escritores favoritos, Alberto Vázquez Figueroa, “en esta vida solo me he arrepentido de aquello que no he hecho. El resto, me salió bien o me salió mal, pero por lo menos me dejó la satisfacción de haberlo intentado”.

Aplicado a la domótica

Reflexionemos en nuestro mundo ¿Qué está pasando en realidad con la domótica? ¿Qué está funcionando y qué no? ¿Merece la pena seguir algunas líneas que hemos venido siguiendo? ¿Habrá que descubrir nuevas alternativas?¿Están esas alternativas ahí y no las estamos viendo o no queremos verlas? ¿Deben existir 100 empresas integradoras por cada 10 kilómetros cuadrados, o hace falta un balance con otras figuras dentro del mercado? ¿Hasta cuándo se puede explotar un caladero agonizante?

No se puede sacar de donde no hay, o por lo menos no con el modelo actual. Reconozcámoslo, somos perezosos en ciertos aspectos, y nos hemos acostumbrado a unos años de bienestar que hemos conseguido hipotecando parte de nuestro futuro (los impuestos del futuro son los que van a pagar esta acumulación de deuda), en otras palabras, hemos vivido de nuestros padres y también de nuestros hijos, a la vez.

Es duro, cuesta ver como una empresa levantada con esfuerzo empieza a ir mal. La cuestión es, ¿ha funcionado aprovechando la bonanza propiciada por una burbuja? Si ha sido así… ¿era realmente un modelo sostenible? ¿Será hora de cambiar algo? Que no nos dé miedo el fracaso, el fracaso proporciona más enseñanzas que el éxito. Muchos tienen éxito, y no saben por qué… hasta que llega una crisis, y se dan cuenta que todo era un cuento.

Muchas preguntas, pocas respuestas. Las respuestas, que se las guarde cada uno, Pero estas preguntas son las que no hay que meter en esas cajas que no podemos o no queremos tirar, porque aunque las guardemos, sabemos que están ahí, y que tarde o temprano deberemos responder.

El futuro siempre estará un paso por delante de nosotros

Cambiar de tipo de empresa, de sector, buscar nuevas alternativas, nuevos mercados… darse una vuelta por ahí (con internet es más fácil, pero no hace milagros) y apostar por el futuro, por lo que realmente se mueve, cambiar la forma de trabajar y colaborar, abrirse, no ser tan territorialista.

Si estuvieras delante de 100 chavales de 18 años, ansiosos por que les contarás de qué va todo esto, ¿qué les contarías? Ese es el resumen de tus conocimientos y de tu experiencia, y ahí están las respuestas. El análisis de la historia es importante, principalmente, para no incurrir en los errores del pasado. En la gestión de proyectos, un proyecto no está terminado hasta que no se anotan las “lecciones aprendidas”, que deben ser revisadas cada vez que se comienza un nuevo proyecto.
Nos hemos olvidado de esas lecciones, embriagados por la buena marcha de le economía en la primera década del siglo XXI.

Y ahora, nos pasa factura.

Esta no es otra arenga más, que nos gusta tachar de irreal o falta de cercanía, esto es el estado del arte, y cuanto más tardas en aceptarlo más tardas en reaccionar.

Falta reflexión, como a ese leñador que se empeña en talar un árbol con un hacha desafilada, y ante la injerencia de otro leñador que pasa por su lado, que le indica el error, ¡ni corto ni perezoso exclama que no tiene tiempo para afilarla!

Dejar de cortar árboles con hachas desafiladas.
Última Edición: 8 años 11 meses antes por jarias .

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